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Another word, another blow || William J. Goodman (+18)

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Another word, another blow || William J. Goodman (+18)

Mensaje por Daniel Jacob Armstrong el Dom Mar 15, 2015 11:15 pm

Take my hand, take my life...


No sabía por qué había salido aquella tarde de Iowa. Me atreví después de todo el fin de semana, al fin, a salir del centro para ir a la biblioteca, ya que me había devorado todos y cada uno de los libros que tenía en mi habitación, y en el aburrimiento de no saber en qué nuevas páginas meterme decidí a duras penas salir de mi cuarto. Cabe decir que me vestí de la manera menos llamativa que permitía mi estrafalario armario, que consistía en unos vaqueros añil y una sudadera ancha de Nightmare Before Christmas, algo desgastada por el tiempo y los lavados. Mi flequillo negro cubría gran parte de mi cara, y andaba a paso nervioso y acelerado, mirando al suelo y ni atreviéndome a levantar la cabeza cuando escuchaba otros pasos o veía unos zapatos ajenos. Notaba como todos mis sentidos se agudizaban, atentos a cualquier peligro que pudiera venir en forma de empujones o zancadillas, de los cuales recibí al menos cuatro antes de salir por la puerta principal y ocultarme en las callejuelas más oscuras y solitarias de todo Des Moines. Ya en la calle llevaba a un volumen fortísimo mis auriculares, en los que sonaba ahora mismo The Used, con la característica y rasgada voz de Bert McCracken susurrando de una manera tan destrozada como sensual en Put Me Out, canción que tarareaba a la perfección, y que acabé por recitar de manera muda, tan solo moviendo mis labios acorde a la letra. Pero no había ni llegado al primer scream del cantante cuando noté que un grito burlesco y ofensivo dirigido a mí acompañado de un empujón daba entrada a los que parecían tener hoy mi turno de maltrato. Me estremecí rápido y me quité los cascos veloz, guardándolos en mi bolsillo a la vez que miraba a los ojos a mi agresor, negando suave en un mínimo intento de que me dejara en paz. Pero él solo me empujó de nuevo, esta vez con más fuerza, tirándome al suelo frío y húmedo de aquel inmundo callejón, del cual me levanté tan rápido como pude.

Y comencé a correr.

Otra vez estaba atrapado en aquellas sucias calles, huyendo de los abusones de turno, notando como la presión en mi pecho hacía un nudo en mi garganta y me empezaba a dificultar seriamente respirar. Lo cierto es que ninguna de estas sensaciones era nueva para mí, pero siempre era tan pequeño y tan débil... en el fondo sabía que era culpa mía. Por no saber defenderme, por preferir correr que recibir el golpe cuando debería haberlo sentido. Porque al fin y al cabo me iban a acabar golpeando igual, así que ¿qué más daba cuánto corriera? Jadeaba con fuerza, viendo mi propio aliento en forma de vaho saliendo de mi nariz y mi boca, que era lo único que me aseguraba que, en efecto, no había dejado de tener pulmones. Al fin, como si diera pie al acto final de aquella trágica salida, di un traspié, cayendo sobre el pavimento y raspándome las manos contra él, emitiendo un leve quejido de dolor mientras me quedaba acurrucado de lado en el suelo, notando la primera de las patadas en un muslo.

"Qué, niñato de mierda, ¿te has cansado ya de correr? ¿Por qué lo sigues haciendo, si siempre te cojo? Que sepas que cuanto más aguantes, más veces te golpearé cuando te coja..." Justo después de aquello me clavó de nuevo su puntera en el cuerpo, solo que ahora en mi estómago y brazos, que estaban sobre ella intentando protegerla. Maldito hijo de puta, ¡deja de cubrirte! Noté el dolor esta vez en mi brazo, notando como un dolor agudo me recorría. "P-por favor d-detente... ¿qué te he hecho yo...?" No pude seguir suplicando, pues esta vez una patada en la boca de mi estómago me quitó el poco aire que quedaba en mis pulmones, y empañó mi vista de lágrimas. Él me agarró del pelo y alzó mi rostro enrojecido por la caída, y me asestó un puñetazo en la boca, partiendo mi labio y haciéndolo sangrar. Yo tan solo cerré los ojos comenzando a llorar, notando el férreo sabor de mi sangre en la boca, y empujando débilmente al chico hacia atrás con mis brazos, cosa que no sirvió de nada. "Bueno cristalito roto, me he enterado de que te gusta chupar pollas así que... ¿por qué no lo intentas conmigo?" Me tiró al suelo dejándome sentado en el asfalto mientras se encendía un cigarro, echando después de la primera calada el humo en mi cara, asfixiándome. Yo, recordando qué pasó en el pasado intenté huir de nuevo, pero dos de sus compañeros -pues no iba solo- tomaron mis brazos y me retuvieron por la fuerza, abofeteándome para que dejara de resistirme.

- P-por favor... que... ¡que alguien me ayude!- noté como mi voz se rasgaba como antes en la canción Bert lo hacía, y cerré los ojos como si aquello me hiciera desaparecer de tal horrible realidad. Sabía que nadie vendría. Sabía que harían cuanto quisieran, y se irían. Ellos destrozaban las cosas, y yo las recogía. Recogía esos pedacitos de mi harapienta alma que manchaban y rompían una y otra vez. Tal vez debería tirar ese trozo mugriento de tela que tenía por vida, tirar la toalla... porque nadie iba a venir a salvarme.

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Re: Another word, another blow || William J. Goodman (+18)

Mensaje por William J. Goodman el Lun Mar 16, 2015 12:45 am

So why the hell did
you call me here..
Calles de Iowa, Noche. - London, Third Eye Blind.

Las manos en sus bolsillos siempre significaban algo. Dudas, pensamientos extraños, temores, remordimientos… jamás podría entender Gary de que se trataba, siempre le preguntaba, le miraba, pero William le decía que era algo en lo que no debía entrometerse. Gracias al cielo que no se encontraba allí, pues estaba de lo más misterioso que alguna vez podría estar.

El cigarrillo que pendía de sus labios estaba consumiéndose lentamente porque todas las caladas que le daba eran pequeñas, de la cajetilla no le quedarían más de cuatro y no tendría dinero hasta en un par de semanas más para volver a comprar… a menos que le sacara a hurtadillas a sus padres. Lo sopesó un instante y luego negó con la cabeza. Había que tener ciertos límites, ¿No?

Junto a su suspiro se fue al aire un poco más de humo que salió de sus narices y la frunció, pues siempre después de eso, le quedaba un cosquilleo molesto. Frunció el ceño mientras sujetaba el cigarrillo entre el dedo medio y el pulgar y aplicaba un par de toquecitos al filtro del cigarrillo para que la ceniza cayera al suelo. Producto del viento, unas cuantas motitas grises se quedaron pegadas en el largo abrigo que portaba y rodó los ojos. Ese parecía ser un mal día.

Volvió a depositar el cigarrillo entre sus labios mientras sacaba la otra mano del bolsillo y la contempló bajo la luz de la lámpara de luz amarilla. Casi podía observar el brillo de la capa de grasa de la comida que ni siquiera había llegado a probar y la había lanzado a la basura; ¿De verdad su hermano tenía tan mal gusto en cocinar un par de hamburguesas para la cena? ¡Por el amor de Dios! Para la próxima le pediría a su madre que dejara algo más sano. Y después de eso había decidido salir a caminar.

Negó con la cabeza al aire, a la nada, mientras aspiraba una de las últimas caladas que le daría antes de llegar al filtro. Por necesidad, un par de veces, se había dedicado a buscar colillas de cigarrillo y no era muy bueno el sabor que te dejaba el filtro quemado; tendría más cuidado aquella vez.

Iowa por la noche era un espectáculo maravilloso, para personas normales. Para él… ya le estaba aburriendo esa maldita monotonía y la falsa santidad que caracterizaba a Des Moines. Si agudizaba la vista podía ver a unos chiquillos drogándose en un callejón, a otros fumando maría o follando bajo la oscuridad sempiterna que ofrecían las calles. Aunque… aquello que pudo ver no se parecía en nada a lo que había pensado anteriormente. Elevó una ceja y dejó caer el cigarrillo. Esa manera en que llevaban a un chico tres hombres no le pareció correcta, y era más que notorio que nadie haría nada por él.

Intentó que su andar pareciera natural, mientras encendía otro cigarrillo y se lo llevaba a los labios. Poca gente caminaba por allí y todos los que oyeron unas voces y un grito de auxilio huyeron despavoridos como si se tratara de lobos entre gallinas. Pero, ¿Qué era él, entonces? ¿Otro lobo que se sumaba a la lista? Intentó no pensar en ello mientras se fundía entre las sombras y pretendía que su cabellera rubia no fuera notoria entre los haces de luz que iluminaban el callejón. Su ropa negra le protegía, por suerte.

Oyó voces, bajas, susurrantes, poco conocidas para él aunque el acento era notoriamente estadounidense. Unos matones, a juzgar por el tono que pertenecía a ambos, junto a sus subordinados, y un chiquillo que suplicaba por su vida. Avanzó en silencio, entretejido con la oscuridad, notando calma en su interior y una sonrisa extraña que se quería apoderar de sus labios. Aquello sí que estaría bueno.

Dos matones estaban agarrando a la víctima, pero no parecieron verle cuando jugueteó con el cigarrillo un instante antes de apagarlo en el cuello de quien estaba golpeando al muchacho, que decidió no ver.- Oops. –pronunció con sarcasmo- Ay, cuánto lo siento… Pero… gracias por apagarme el cigarrillo, eres mejor que la suela de mis zapatos… -el ligero gemido de dolor que el otro había pronunciado le hizo esbozar una sonrisa más amplia, mientras cambiaba su tono de voz por algo más frío y duro, como si se tratara del filo de un hacha- ¿Por qué no le dices a tus amigos que le suelten y que salgan de acá? A menos que sea tan estúpidos y decidan enfrentarse a mi. –retrocedió un paso, mirándoles despectivamente, con odio en los ojos y un fuego… que no se apagaría hasta que los viera tirados en el piso y a aquel chico que no conocía, bien.

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