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You can taste the bright lights # Eva

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You can taste the bright lights # Eva

Mensaje por Tyrone Jefferson el Dom Feb 08, 2015 6:35 am



Evangeline
Salón interactivo. Por la tarde.


Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ochos semanas. Dos meses. Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ochos semanas. Dos meses. Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ochos semanas. Dos meses. Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ochos semanas. Dos meses. Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ochos semanas. Dos meses.

Ese era mi mantra de aquel día. Llevaba ya mil cuatrocientas dieciséis horas, cincuenta y nueves días, ochos semanas y dos meses encerrado. No me estaba volviendo loco, a pesar de estar rodeado de gran cantidad de lunáticos. Simplemente me sentía un animal encerrado. No sabía nada de mis padres, nada de Ash, nada de nadie. Estaba a kilómetros de mi hogar. No había escapatoria de aquel sitio. El poco dinero que conseguía traficando con drogas y cigarrillos no me servía para viajar medio continente, ya fuera por tierra o por aire. Las voces en mi cabeza no me dejaban dormir, no me dejaban tranquilo. Ya no sabía en qué pensar.

Por suerte la sala interactiva no tenía cámaras ni vigilancia. Era el único sitio donde podía llegar a sentirme cómodo por un rato. Pero siempre había gente, nunca se podía estar un minuto solo. Nunca sabía cuando realmente había gente o me lo estaba imaginando. Tomaste tu pastilla, pastilla, pastilla. Me lo recordé, notando como la palabra hacía eco dentro de mi cabeza. Intentaba concentrarme en las personas que estaban presentes en la habitación. Me costaba concentrar. Cuando reparaba en el color de cabello de alguna volvía a pensar en cuánto tiempo llevaba allí encerrado y me olvidaba de haber visto a esa persona. Entonces volvía a echar un vistazo por la habitación y ¡oh, vaya sorpresa! a esa rubia no la había visto antes. Ya no estaba seguro si la gente iba llegando al lugar o estaban desde que yo me había instalado en un rincón.

Estaba sentado sobre unas cajas de plástico donde antes había habido cervezas y vigilaba los movimientos de todos. De vez en cuando se me acercaba algún interesado y me preguntaba que tenía. Yo le ofrecía distintas pastillas o cigarrillos. Intercambiábamos y se alejaba. Solían darme dinero u otras pastillas a cambio. Era un negocio seguro. Nadie hablaba delante del personal acerca de aquel trafico ilegal. Muy pocos conocían mi nombre como para siquiera intentar delatarme. Nunca conversaba mucho con alguien. Siempre todo consistía en una pregunta o dos por parte del interesado. Yo incluso a veces me limitaba a asentir o negar con la cabeza o gruñir de vez en cuando. Yo no hacía amigos allí, solo me guiaba por los intereses. Y por supuesto, estaba más que claro,  no me interesaban las apestosas vidas de aquellos que me compraban. Solo me preocupaba llevar ya mil cuatrocientas dieciséis horas, cincuenta y nueves días, ochos semanas y dos meses encerrado.




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Re: You can taste the bright lights # Eva

Mensaje por Evangeline Van Dijken el Dom Feb 08, 2015 7:11 am



Tyrone
Salón interactivo. Por la tarde.



- ¿Es necesario? Porque puedo caminar sola - espetó la castaña mientras avanzaba por aquellos pasillos, sintiendo el agarre de uno de los enfermeros, quien hizo oído sordo a las palabras de la muchacha y seguía el camino hasta uno de los salones donde debía esperar hasta que le avisaran de su hora con el psicólogo. Evan se relamía los labios una y otra vez, buscando en su mente la manera en que aquel sujeto sufriera un leve accidente dejándolo incapacitado para seguir trabajando.

- Tienes dos horas, Van Dijken. Luego vendré por ti - anunció antes de soltarla en una sala parecida a esas del hospital donde debes esperar a que te llamen para que el médico de el visto bueno y puedas realizar una pila de exámenes que no arrojarán resultado positivo alguno. La ojiazul resopló y espero a que el enfermero ya no estuviera a la vista para salir de aquel lugar, debía mantenerse entretenida con algo y los rumores sobre ventas en el salón interactivo cerca de su habitación habían sido la noticia de aquella mañana.

Sus pisadas avanzaron entre pasillos y algunos escalones hasta que finalmente encontró el salón. Nada fuera de lo normal, amplio y con un par de personas que disfrutaban de lo que parecía el mejor descanso del año. Con las manos dentro de los bolsillos del pantalón cruzó el umbral, observando la gente a su alrededor, no conocía  a nadie y esperaba que las cosas se mantuvieran así; entre menos relaciones más fácil sería escapar de aquel lugar, solo debía comenzar a estudiar a los guardias, coordinar los horarios y reconocer a quienes podrían ser aliados al tener alguna clase de información.

Se dirigía a los sillones cuando la actitud de un muchacho en particular llamó su atención. No hizo faltar aclarar nada para distinguir al vendedor en el salón. Giró sobre sus talones y avanzó hasta el joven. Le observó un momento, pasando la lengua por sus muelas antes de hablar. - ¿Cuánto por cigarros y éxtasis? - preguntó alzando una ceja. Evangeline creció en el bajo mundo y podía reconocer a los traficantes por mínima que fueran sus mercancías, pues por algo debía empezar. Ella muchas veces realizaba aquellas cosas por encargo y sencillamente porque le daba el dinero suficiente para saciar el hambre.
- Tengo cien dólares y una entrevista con el psicólogo. Tú dirás - añadió encogiéndose levemente de hombros, desviando su vista hacia un grupo de chicos que se encontraban cercanos a una ventana, murmurando entre ellos anda a saber que cosas.-





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Re: You can taste the bright lights # Eva

Mensaje por Tyrone Jefferson el Dom Feb 08, 2015 8:31 am



Evangeline
Salón interactivo. Por la tarde.


Comencé a rascar el plástico con una uña. No las tenía asquerosamente largas, pero tampoco estaban cortas. Me tentó la idea de mordisquearlas. Pero las dejé tal cual. Era más divertido rascar el plástico en el cual estaba apoyado. Mi mano hacía el movimiento solo, mientras que mi mirada seguía vagando por la habitación. Había un grupo, estaban quienes andaban por su cuenta, uno se había movido, a ese otro no lo había visto llegar. Tenía un breve historial de caras dentro de mi cabeza. A algunas era capaz de ponerles nombre. A la mayoría los catalogaba por sus problemas o simplemente les ignoraba. Pero la castaña era nueva, podía notarlo. Clavé la mirada en ella y antes de que pudiera apartarla ya se estaba dirigiendo hacia mi. ¿Problemas? Esperé a ver qué quería para decir si los habría o no. ¿Cigarros y éxtasis? Hice una mueca burlona y contuve la risa.-¿Crees que estas en una fiesta electrónica, niñata?-le espeté sin mucho humor. Eran las primeras palabras que decía en todo el día, por lo menos en voz alta. Dentro de mi cabeza aún oía el eco de mi propio mantra: Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ocho semanas. Dos meses. Había pasado ya todo ese tiempo y ya llegaba alguien nuevo. Nunca dejaban de aparecer. Los encerraban a todos en aquel infernal sitio. Nadie escapaba.

Mi mirada vagó nuevamente por el lugar, como si estuviera perdido y no supiera exactamente dónde me hallaba. Me costó volver a enfocar a la castaña que tenía delante mío. Cuando por fin lo hice reparé más en los detalles. Los movimientos de sus cejas, el color de sus ojos, el aire confiado. Era una chica interesante. Su voz era firme. Intentaba hacerse la ruda conmigo, pero sus hombros temblaron con un toque delicado. Su atención fue atraída por el grupo que estaba junto a la ventana y yo aproveché para arrancar un trozo de plástico que tenía entre las uñas. Quería reírme. La nueva resultaba simplemente graciosa. Eran muy pocos los que conseguían levantarme el ánimo. Ella lo estaba haciendo.

Pero no me gustaba negociar, todos venían sabiendo lo que querían y cuánto tenían que darme a cambio. Esta chica no sabía nada. No sabía si me daba lástima o podía sacarle ventaja.-Cigarrillos comunes, narcóticos, neurolépticos, ansiolíticos, somníferos y anfetaminas; antidepresivos y litio.-expliqué sin dar más detalles. Eso era todo lo que pensaba ofrecerle. Para ser su primera vez debía estar agradecida, porque los somníferos y algunas drogas fuertes eran difíciles de conseguir. Aunque cien dolares era bastante para gastar de una vuelta. Pestañeé y fijé mi mirada en la suya. ¿Querría algún psicofarmaco o insistiría con su capricho por las drogas alucinógenas? Allí los adictos abundaban, y se conformaban con cualquier pastilla cuando no tenían con que pagar. Sin embargo me interesaba saber por qué estaba ella hablando conmigo.-Tres dolares cada cigarrillo. Solo vendo cinco por día-añadí.

Continué rascando el plástico, pero esta vez la mirada se me perdió entre las curvas de la chica. Vagó por sus pechos, se asentó en su cintura y luego delineó sus piernas antes de largarse en dirección al grupo de la ventana. Sus murmullos eran bastantes fuertes para mi gusto. Tenía que hacer un esfuerzo por no ponerme de pie e ir a gritarles que se largaran a hablar a otro lado. Sin embargo debía estar agradecido que aquella tarde no hubieran encendido el televisor. Así podía conversar con la chica sin ruidos molestos. Aquel grupo no era tan odioso después de todo. Entre ellos había un par de clientes cotidianos. Me revolví el cabello, buscando algo de auto control. Aún me costaba creer que hubiera dicho más de cinco palabras a alguien que no fuera yo mismo. Volví a mirar a la castaña para comprobar que no había desaparecido. Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ocho semanas. Dos meses. Y me estaba comunicando con una chica linda en lugar de pensar en lo lejos que estaba de todo.




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Re: You can taste the bright lights # Eva

Mensaje por Evangeline Van Dijken el Lun Feb 09, 2015 1:03 am



Tyrone
Salón interactivo. Por la tarde.



¿Había algo más odioso que estar encerrado? La respuesta para la muchacha era positiva. Privación de libertad y asistir a unas charlas que no ayudarían en nada. Raven ya conocía aquellas rutinas de memoria, sabía que palabras utilizar y la manera para que el profesional quedara satisfecho y dejara de indagar en sucesos que solo lograrían activar en la muchacha ese odio y falta de empatía que podría acabar fácilmente en un accidente con cualquier objeto que pudiese usarse como arma. Para la imaginación no había límite y la ojiazul poseía una imaginación muy amplia que sumada a su gozo por el dolor ajeno se convertía en un arma de doble filo donde siempre la muchacha encontraba la manera de salirse con la suya. ¿Crianza? Tal vez, pues la educación de su padre le ayudo bastante para que las decisiones tomadas siempre fueran acertadas para ella sin que lo demás importara.

Su mirada recorrió la postura del joven, comparándola con la de los otros muchachos dentro de la sala. Sin duda los rumores del pasillo eran cierto y aquella sala no contaba con ningún tipo de vigilancia. Volvió su vista hacia el joven cuando esté respondió ante la interrogante de lo que Evan quería. Alzó una ceja como toda respuesta, resoplando mientras una de sus manos frotaba la parte trasera del cuello. - ¿Tienes o no? - repitió dejando que sus labios formaran una sonrisa burlona. Era inevitable para Evan pensar en su hermano al observar al joven frente a ella; la misma actitud de ser dueño del lugar por poseer un contrabando. Negó para si, ya luego podría usar todo a su favor.

La mano libre viajó hasta el bolsillo, jugando con el mechero que tenía y ocultaba de los enfermeros. Era la única diversión que podía conseguir mientras esperaba que le asignaran las clases a las cuales debía asistir antes de sus tratamientos. Resopló mientras apartaba las manos y se dirigía a las mismas cajas donde estaba situado el joven. - ¿Sólo eso? Ni modo, creí que tenías más cosas. Al parecer los rumores no son tan ciertos. - añadió sonriendo con burla antes de encogerse de hombros. Apoyó ambas manos en sus rodillas y dejó su vista fija en un punto muerto de la sala.

Se ató el cabello en una coleta simple, dejando algunos mechones jugar sobre su rostro. - Entonces cinco cigarrillos. Y el resto en anfetaminas - le dijo, volteando el rostro para mirarle directo a los ojos. Si conseguía todo aquello la idea de sacar al enfermero de su camino sería todo un éxito; y con ello el poder salir cuanto antes de este lugar, pues la castaña no aguantaría esperar hasta ser mayor de edad para poder ser libre e independiente ante la ley del hombre. Sacó el mechero de su bolsillo, comenzando a jugar con este entre sus dedos, dejando que la llama apareciera unos momentos, la ojiazul podía sentí la ansiedad recorrer sus venas y un cigarro no le vendría mal.






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Re: You can taste the bright lights # Eva

Mensaje por Tyrone Jefferson el Lun Feb 09, 2015 5:44 am



Evangeline
Salón interactivo. Por la tarde.


Si quería burlarse tendría que buscarse un modo mejor. Su sonrisa me pareció igual de graciosa que todas sus palabras. Pero sabía dónde golpear si buscaba algo de orgullo. Así que resoplé de igual forma que ella. ¿Que si tenía? ¡Por supuesto que lo tenía! Sin embargo allí las cosas no eran nada fáciles de conseguir y le venía bien ir aprendiendo eso. Si yo no me sentía satisfecho entonces los demás no lo hacían. Allí nadie era complaciente porque sí. Sus cien dolares no me sacarían de allí. Así que si esperaba conseguir éxtasis tendría que esmerarse más. Solo le vendía de esa clase de drogas a los que me caían bien. Después de todo si andaba jugando al traficante era porque no tenía nada mejor que hacer. Y si no me distraía jamás dejaría de contar los días que llevaba encerrado o las baldosas del suelo o las manchas del sillón. ¿Aquello era una quemadura de cigarrillo? Aquella sala daba pena. Un movimiento por parte de la castaña me desconcentró. Obligué a mis ojos fijarse en lo que hacía. ¿Un encendedor?  

-Ya te he dicho lo que tengo para ti-le contesté al fin.-¿Pirómana?-pregunté esta vez yo. No solía hacer muchas preguntas, porque eso implicaba que las personas creyeran que me simpatizaban. Me gustaba mantener a casi todo el mundo alejado. Pero esta chica podía ser interesante. Estaba demostrando serlo. ¿Cómo había conservado el encendedor? Me gustaría saberlo. Abrí la boca aunque no para preguntarle. Quería quejarme. Me molestaba que se tomara la libertad de acercarse tanto, como si la idea de hacerme compañía fuera una opción. No la quería conmigo, estropeaba mis trueques. Me desconcentraba. Ella y su fuego. -Hay rumores ciertos e inciertos, debes aprender a diferenciarlos para sobrevivir aquí-gruñí.

Mil cuatrocientas dieciséis horas. Cincuenta y nueves días. Ocho semanas. Dos meses. Y el fuego era tan brillante que lastimaba mis ojos cuando me lo quedaba mirando. Sentía la ansiedad de quien se encuentra con una llama por primera vez y desea acariciarla como a un tierno gatito. La remera de una de las chicas del grupo que no dejaba de rumorear contra la ventana. Esa tenía un gatito. El fuego era mucho más atractivo que esa remera. Quería destrozar la tela y prenderla fuego. Saqué cinco cigarrillos de un bolsillo y un frasco con varias anfetaminas. Su cabello se veía tenso en aquella coleta, y un mechón no estaba bien acomodado. Presioné con fuerza el frasco de bastillas y este hizo un sonido anunciando que se había partido. Aunque no estaba del todo roto, solo tenía una rajadura.-El dinero-le recordé. No iba a ponerme a contar las pastillas si ella no mostraba que esos cien dolares de los que hablaba eran reales. Los médicos me decían que imaginaba cosas, pero yo no imaginaba plata, podía delirar con personas que no existían o perturbar imágenes como si estuviera bajo el poder de las drogas alucinógenas. Sin embargo sabía exactamente cuándo me pagaban y cuándo no. Comencé a ponerme tenso. Mucho tiempo en compañía de alguien provocaba eso. Mis músculos se ponían duros y de repente deseaba moverlos con tanta fuerza como para golpear a alguien. No iba a tener un ataque, no ese día, no en ese momento, no con esa chica. Volví a resoplar y me perdí en su mirada azul.-¿Me das fuego?-le pregunté mostrando un sexto cigarrillo. Podíamos fumarlo, junto a la ventana. Eso seguro me quitaba los nervios.  




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Re: You can taste the bright lights # Eva

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